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Barro Blanco: Renta, electricidad y pueblos originarios

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por Juan Jované

La reciente reunión entre el Ejecutivo y la Comisión del Pueblo Ngäbe -Buglé, a la cual asistimos como asesores de esta última, merece una profunda reflexión, no solo en relación a la actitud sumisa del gobierno de turno frente a los poderes económicos y financieros externos y locales, sino que también sobre la forma en que se han venido entregando los recursos naturales del país.

En relación a la posición gubernamental, en primer lugar, llama la atención el hecho de que luego de haber aceptado, tal como aparece en el acta de la 10ma reunión de la Mesa de Diálogo de Barro Blanco, una agenda de discusión en la que, de acuerdo al cuarto punto, se deberían discutir posibles y diversos escenarios, la representación del Ejecutivo decidió violar este acuerdo. En efecto, la delegación del gobierno, pese a que la Comisión Ngäbe – Buglé había propuesto discutir como primer punto la suspensión del proyecto, se circunscribió a anunciar la definitiva decisión gubernamental. De acuerdo a esta no solo se debería terminar de construir el proyecto con la ayuda de una especie de “project manager”, entendiendo, además, que una vez terminado el proceso de construcción la misma empresa que sistemáticamente ha venido violando los derechos humanos de la población originaria y las regulaciones ambientales del país, quedaría en posesión de la concesión y del proceso de generación eléctrica. De esto surge una pregunta: ¿Qué hay detrás de esta drástica decisión gubernamental?

Desde luego que parte de la respuesta está en la presencia de un gobierno temeroso, antinacional y carente de un efectivo sentido de solidaridad social, el cual es capaz de poner por delante la llamada “seguridad jurídica” del capital, aún cuando este visiblemente ha atentado contra los derechos humanos del pueblo originario, trasgrediendo, además, prácticamente todas la normativas ambientales del país. Esta repuesta, sin embargo, no es suficiente, por lo que debe complementarse con un análisis de los intereses económicos creados que están en juego en este problema. Esto permitirá evidenciar que la radical decisión del ejecutivo constituye una forma de defender dichos intereses creados.

Para comenzar, se debe recordar que, en base al llamado Plan Estratégico de Gobierno 2015 – 2019, el actual gobierno resulta ser el primer grupo de administradores de la cosa pública que en forma abierta y no solapada proponen constituir a Panamá, aún en contra de sus propias promesas de campaña, un país plenamente disponible para las actividades de la minería a cielo abierto, así como a los diversos y graves impactos ambientales que la misma origina. La vinculación con el problema que nos ocupa es clara: la minería es una actividad muy densa en términos de la utilización de energía eléctrica. El problema, sin embargo, no se agota en este aspecto.

Existe otra razón, también vinculada a la acumulación por desposesión y despojo, la que se vincula con las personas naturales o jurídicas específicas a las que se les entregan las concesiones. En efecto, la forma prácticamente gratuita en que los diversos gobiernos han venido entregando las concesiones hidroeléctricas constituyen una entrega deliberada, a nuestro juicio cargada de corrupción, del uso exclusivo de determinados recursos naturales. Esta entrega implica que los beneficiarios pueden apropiarse de manera regalada de la renta de la tierra, tanto en su forma relativa, absoluta, como monopólica. Se trata, para decirlo en los términos de Thorstein Veblen, de la cesión graciosa de un ingreso no ganado a los beneficiarios de dichas concesiones. También se trata, ahora utilizando el leguaje de la Economía Política, de la creación de una forma de capital ficticio que se entrega a los concesionarios, en condiciones que los mismos lo pueden usar, si así lo tienen a bien, con fines puramente especulativo.

Se evidencia, entonces, que el Gobierno Nacional, con su última propuesta, busca mantener y consolidar el modelo de desposesión que sobre los bienes públicos y los recursos naturales han venido aplicando las sucesivas administraciones gubernamentales. Se trata de un esquema en el que la creciente acumulación de riquezas por los sectores económicamente dominantes se realiza por medio de la rapiña y la negación de los derechos humanos de los pueblos originarios, así como los que corresponden al resto de la sociedad.

En este contexto la solidaridad con el pueblo Ngäbe Buglé es una necesidad inaplazable. En el éxito de su lucha se encuentra un punto de inflexión necesario para detener y revertir la política de saqueo que implica la aplicación de los preceptos de la política neoliberal. Ñagare Barro Blanco.
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Transformación profunda o barbarie

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por Juan Jované

El Holoceno, como lo ha reiterado Johan Rockströn recientemente, constituye para la humanidad la época geológica que puede ser calificada de su Jardín del Edén, ya que solo en la misma se pueden encontrar las condiciones planetarias capaces de sostener la vida en la forma en que la conocemos. De hecho la raíz griega del concepto contiene dos palabras holos que expresa todos y kainos que significa reciente, lo que nos recuerda que los hombres y mujeres somos parte de un sistémico complejo, que es a la vez reciente. Es solo en el contexto del Holoceno en que la humanidad logra aparecer y florecer.

Si bien el medio biofísico del Holoceno permitió a la aparición del llamado Homo Sapiens, también, por ese mismo hecho, dio lugar a la posibilidad de que esta especie transformara las condiciones ambientales hasta el punto de producir las condiciones de su propia ruina. Tal como lo ha ilustrado Jared Diamond en su notable libro Collapse, han sido muchos los casos en la que las sociedades complejas se han derrumbado debido al uso insostenible del contorno natural. Entre estas se encuentran, para dar un par de ejemplos, la sociedad Maya, así como la que habitó la Isla de Pascua. Estos fenómenos, sin embargo, solo constituyeron episodios aislados, que por su magnitud no constituían hechos globales.

El problema es que la humanidad está ahora frente al peligro de crear las condiciones capaces de hacer colapsar globalmente las condiciones de Holoceno. De hecho muchos autores han empezado a hablar de la Antropoceno, es decir de una nueva etapa en la que la fuerza principal de los cambio en el medio ambiente se encuentra en la actividad humana.

Es en este contexto que, junto a los cálculos de la Huella Ecológica, el enfoque de las Fronteras Ecológicas, desarrollado por un grupo de científicos vinculados a la Stockholm Resilence Center, constituye un valioso instrumento para evaluar la gravedad del asunto y llamar la atención la sobre urgencia de la acción. Es así que en la segunda versión de su evaluación sobre el estado del planeta, publicado el 16 de enero de 2015 en la revista Science, este equipo de científicos concluye que de las nueve fronteras biofísicas estudiadas cuatro ya han sido transgredidas. De estas dos, la integridad de la biosfera y la interferencia con los ciclos del nitrógeno y el fosfato, están en la llamada zona de riesgo, mientras que las otras dos, el cambio climático y el cambio en el uso de los suelos, simplemente se encuentran en lo que sería la zona de peligro.

La necesidad de una acción inmediata es evidente. Algunos como es el caso de Rockstöm, han asegurado que, de no darse ningún cambio en la tendencia observada, la ventana disponible para la estabilización climática cerraría en el 2023. El problema está, entonces, en precisar bajo qué condiciones sociales es posible lograr una acción efectiva que evite el creciente deterioro ambiental.
Para los llamados libertarios – liberales, mejor conocidos como neoliberales, el problema básicamente no existe. De acuerdo a su gurú favorito, Federick A. Hayek, la humanidad habría topado, prácticamente de manera casual, con el actual sistema que estaría en capacidad de lograr la mayor cantidad de vida humana posible. El mismo, pese a esta visión justificativa, esta a las puertas de generar una nueva extinción masiva de especies, incluyendo la nuestra

El problema del actual sistema está en su objetivo último: la acumulación de riqueza abstracta de manera permanente y sin límites en manos de unos pocos, lo que lo lleva a generar un choque creciente con el carácter finito del ambiente. Más aún, estamos frente a un modelo de economía que no resuelve los problemas ambientales, sino que simplemente los desplaza, ya sea trasladándolos geográficamente, con lo que termina globalizándolos, o introduciendo nuevas formas tecnológicas que a final de cuenta generan otros importantes problemas en el ambiente.

Se trata, además, de un modelo de economía que genera creciente costos ambientales, los cuales lejos de ser asumidos por los sectores económicamente dominantes, son trasladados y cargados sobre el conjunto de la sociedad y, principalmente sobre los sectores más vulnerables. Esto explica por qué hoy se habla de intercambio ambiental desigual.

Es necesario, entonces, tomar conciencia sobre la necesidad de superar el actual sistema, el cual carece de todo sentido de equidad. Se trata, además, de realizar el necesario esfuerzo por construir una sociedad basada en la solidaridad intrageneracional e intergeneracional, la cual practique el pleno respeto de la vida y, por tanto, de la naturaleza.
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Agua, seguridad y soberanía alimentaria

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                         por Juan Jované


Una vez terminado el jolgorio del carnaval, en que el agua se utilizó masivamente como elemento de diversión, debemos volver al mundo real y mirar hacia el futuro. Esto nos lleva a introducir un importante tema que guarda relación con la vinculación que existe entre la seguridad y la soberanía alimentaria y la disponibilidad del agua. Esta vinculación es doble.

En primer lugar, el concepto de seguridad alimentaria, tal como lo define la FAO, incluye la satisfacción de la necesidad humana del vital líquido, es decir la “utilización biológica de los alimentos a través de una alimentación adecuada, agua potable, sanidad y atención médica, para lograr un estado de bienestar nutricional que satisfagan todas las necesidades fisiológicas”. En segundo lugar, el agua resulta un insumo básico indispensable para la producción de alimentos. Es así que, de acuerdo a Lester Brown, fundador del Worldwatch Institute , los seres humanos beben al día un promedio de cuatro litros de agua, sin embargo la comida que ingieren diariamente necesita para su producción cerca de dos mil litros de este preciado líquido. No en vano las estadísticas a nivel mundial muestran que cerca del 70% del agua dulce disponible se utiliza en la agricultura.

La importancia que para la nutrición de la humanidad tiene se puede ejemplificar en el hecho de que cerca de la mitad de las calorías que consume la humanidad provienen del consumo directo de granos, mientras que la otra mitad proviene en gran medida de su consumo indirecto (leche, carne, huevos y otros). En la producción de este elemento básico de la alimentación mundial la irrigación juega un papel central, dado que cerca del 40% del total de las cosechas de granos provienen de tierras irrigadas.

El problema reside en que, dada la forma de utilización del agua, cada día se está haciendo más difícil asegurar las necesidades de irrigación que sostiene la producción alimenticia. El problema básicamente está en la tendencia a la sobrexplotación de los acuíferos, lo que lleva, incluso en los que en principio son renovables, a un creciente agotamiento.

Existen casos extremos como el de Arabia Saudita, que contaba con un producción altamente subsidiada de granos básicos con irrigación, donde se prevé que para el 2016 habrá desaparecido la totalidad de la producción de trigo, viéndose obligada a importar 15 millones de toneladas al año. El problema, sin embargo no solo se da en estos casos extremos. Es así, por ejemplo, que en el Estado de Guanajuato en México el manto freático está cayendo a una velocidad anual equivalente a seis píes, mientras que algunos productores de Sonora tienen que bombear agua de pozos de cerca de 400 pies por debajo de la superficie.

Estados Unidos, China e India producen cerca de la mitad de la disponibilidad mundial de granos básicos y, desgraciadamente en los tres casos, ya se advierten en algunas de sus regiones problemas con el abastecimiento de agua para la irrigación. En China, por ejemplo, se observa que la profundidad de los acuíferos se incrementa en 10 píes anuales. En el caso de la India, por su parte, existen algunas grandes explotaciones agropecuarias que han tenido que utilizar una tecnología petrolera modificada con el fin de acceder a fuentes de agua que se encuentran a 1,000 píes por debajo de la superficie. En relación a Estados Unidos la situación existente puede ejemplificarse con el caso de Kansas, donde a partir de 1982 se reduce el área irrigada, mientras que el punto máximo de irrigación en Nebraska se dio en el 2007.

Se trata de una situación que se agravará no solo con el crecimiento de la población, sino que también con el calentamiento global y la presión de los biocombustibles. En estas condiciones resulta claro que para un país como Panamá hace falta tener dos prioridades muy claras. En primer lugar, la búsqueda de la soberanía alimentaria responde a una necesidad básica de nuestros tiempo. En segundo, lugar el respeto por las fuentes de agua y su uso priorizado para la alimentación son una de las claves para alcanzar la soberanía alimentaria como base esencial de la seguridad alimentaria.

En ese sentido también es conveniente recordar que han sido los pueblos originarios quienes han servido de guardianes de los ríos y de las aguas del país, abriendo la posibilidad de que este vital liquido esté presente para satisfacer las necesidades humanas fundamentales. Nuestra solidaridad con ellos y la lucha contra la desposesión de sus tierras y aguas es un deber insoslayable.
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La cosa es clara: Ñagare Barro Blanco

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Un ciudadano me reprochaba por las redes sociales nuestra constante denuncia contra el evidente abuso de Derechos Humanos y contra la naturaleza en el caso de la destrucción del río Tabasará por parte del proyecto hidroléctrico Barro Blanco, el cual viene violando toda legalidad y derechos mínimos de la población de la comarca Ngabe-Buglé. El argumento de este señor era sencillo y muy conocido en el mundo de la economía clásica. ¿Saben lo que decía? "Que pena que las causas ambientales se usan para obtener beneficios políticos". En esta forma de pensar el tema ecológico está fuera de la política. A este señor es necesario decirle que desde la filosofía de Aristóteles, hacen muchos siglos, se sabe que los humanos y los actos que realizamos sobre el mundo, tanto social como sobre la naturaleza tiene de por medio la acción política, en la medida, que toda acción humana es producto de la realidad que vive y de lo que piensa sobre esa realidad, a eso se le llaman nada más y nada menos que política, a la posición que adopta al imaginar e interpretar y hacer sobre el mundo que le rodea. 

Los neoliberales-desarrollistas, piensan en separar las cosas, con una falsa justificación tecnicista, dicen así que la Educacion es la Educacion, el Ambiente el Ambiente..etc, y no tiene nada que ver con la política, sin embargo, son las ideas neoliberales hechas política a través de la partidocracia reinante las que mercantilizan, privatizan y depredan la naturaleza y de paso destruyen comunidades con sus culturas y saberes que son una riqueza social y productiva invaluable. 

En el programa de nuestro Movimiento Independiente de Refundación Nacional el tema ecológico y la gestión Democrática de estos recursos, tiene un papel central, porque precisamente al plantear la gestión democrática, social y ecológica del desarrollo no puede ser de otra manera. 

Por tal razón, es nuestro deber más sentido el llamado que nos hace la Red Nacional de Defensa del Agua, y por otro lado, la Asociación de Educadores Veraguenses, a que los candidatos presidenciales nos sumemos al movimiento de frenar la desalojo de las comunidades del Tabasará y evitar otra crisis de Derechos Humanos, a las cuales nos quiere acostumbrar la partidocracia.
 
Nuestra política es la ecología, nuestra política son los Derechos Humanos, es la diversidad cultural, es la profundización de la Democracia,  nuestra política es la refundación de un Panamá con un nuevo pacto social ecológico que ponga fin al reino de la depredación.

La ideología de nuestro movimiento no es la del Desarrollo "Pan para hoy y hambre para mañana", Panamá (Banamma) lleva más de 500 años con esa genocida promesa del desarrollismo, con esa mentira nos cazaron los consquistadores españoles, nos atravesaron con la espada, y envenenaron nuestros corazones. Nuestra ideología es la del  "pan para todos y todas hoy y mañana".

Ñagare Barro Blanco
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